La muestra cuenta con piezas realizadas por el artista durante estos últimos años.
El CGAC (Centro Gallego de Arte contemporáneo) de Santiago de Compostela, recibe a Ignacio Pardo con su exposición Senescencia, que viene a ser un grupo de videos e instalaciones que se orientan principalmente al tema de lo efímero como argumento de fondo.
La muestra cuenta con piezas realizadas por el artista durante estos últimos años, aunque también se podrá ver alguna que otra anterior. Predominarán obras de los años ochenta, de las más importantes como Clavos (1986), Tránsito (1988) o la tan famosa Triángulo (1988).
Esta exposición estará abierta hasta el 1 de julio del corriente año, siendo su comisaria Cristina Prego, y trata de mostrar las grandes preocupaciones del artista, quien por medio del videoarte y siempre haciendo uso de elementos precarios o domésticos, se acerca a temas que no todos se atreven a tocar.
Este evento nos enfrenta a cuestiones como la rutina, la muerte, la vejez, el deseo, el fracaso; todo esto mediante imágenes muy chocantes y simbólicas, pero a la vez muy propias del estilo de Pardo.
Las creaciones de Ignacio Pardo (Lugo, 1947) han transitado por los principales escaparates del vídeo español como los certámenes de vídeo de Vitoria (1986) y de Cádiz (1987), ambos muy prestigiosos en los años ochenta. Tras una aparente pausa en su producción, reaparece ahora enel CGAC con una exposición monográfica comisariada por Cristina Prego.
Un tanto ajeno a la movida gallega, Ignacio Pardo se añadió desde 1985 a la nómina de la videocreación, eligiendo trabajar con medios humildes y domésticos a fin de acometer su obra de manera esencialmente individual, como corresponde a su formación y ejercicio de las artes plásticas, antes que desde los hábitos del trabajo en equipo de laindustria audiovisual. De hecho en su primera obra videográfica, Videoviolín (1985), se detecta el influjo del cine hecho a mano de Norman McLaren.
En una sociedad dominada por lo visual, Ignacio Pardo ve en el vídeo un soporte que le permite lanzar dardos contra la ortodoxia moral aceptada, desde su mismo lenguaje, descarnando y desgarrando el hermoso envoltorio que los mass media han creado entorno a la realidad, descubriendo los rincones más siniestros y oscuros de la existencia humana, como la muerte, la vejez, el deseo o el fracaso humano en busca de la eterna felicidad.
Firmemente convencido de que el arte sólo sirve si es capaz de transformar la realidad, y abrir nuevas puertas hacia donde no habríamos consentido jamás en llegar, el trabajo de Ignacio Pardo se configura como una acción contra el encubrimiento, poniendo en evidencia lo cruento de la existencia o ciertos vicios sociales como la rutina, que deambulan porsus imágenes como almas en pena.
La exposición del CGAC, Senescencia,se configura en torno a una serie de instalaciones y proyecciones cuyo leitmotiv es el ciclo efímero del ser, del embrión al tránsito definitivo, compendiando muchos de los temas y símbolos característicos en la trayectoria previa de Ignacio Pardo. Sin embargo, Senescencia, no pretende ser una retrospectiva del trabajo del artista y recoge muy pocas piezas de fechas anteriores, como Clavos (1986), el primer holograma que realizó en un curso en el Kiosco Alfonso de A Coruña, o las piezas de vídeo, Tránsito (1988) y Paseantes (2003) que funcionan como hilos conductores de la coherencia del trabajo del artista y como presentación de una temática que se seguirá desplegando en todos los espacios de la planta sótano del CGAC.
En el pórtico del recorrido, se sitúan las imágenes tremebundas de Tránsito (1988), seguidas después por el vídeo más reciente Paseantes (2003), que otorga una presencia más amable y juguetona a la huesuda encarnación de la muerte que deambula en forma de esqueleto por una playa entre bañistas de todas las edades.
En el corazón de la exposición se encuentra Bosque (2007), una pieza que mezcla imágenes de la naturaleza con un sutil erotismo y que remite al vídeo Triángulo (1988), concebido casi veinte años atrás. Alrededor, en las salas contiguas, en las paredes, sobre el suelo y en pantallas suspendidas en el espacio, regresan una y otra vezlos símbolos y las analogías sobre los que Ignacio Pardo ha elaborado su obra tan personal.
Nuestro periplo nos conduce, por último, a la pieza que da título a la exposición y que sintetiza con acierto las grandes preocupaciones que atraviesan la obra de Ignacio Pardo. Senescencia (2007) es un díptico en el que los cuerpos desnudos de una pareja de ancianos nos recuerdan que cada minuto de nuestra vida nos acercamos un poco más a la muerte.
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